espacio ecuménico

coahuila

2002 / fotografía alberto moreno

El espacio donde se alberga la pluralidad espiritual debe ser sereno, mesurado y abstracto. Un espacio solemne y a la vez conmovedor que invite al recogimiento, a la introspección y a la comunicación con nosotros mismos en conjunción armónica con el universo. Un espacio dirigido a los sentidos donde solo existan agua y aire, la tierra y la luz como vínculos de aproximación a la sustancia original; un lugar donde nos hagamos dueños de esa agua-origen, de ese aire-oxigeno, de esa tierra-fruto por los que la luz nos deja ver con claridad el verdadero sentido de nuestra existencia, para que entonces sea el espacio el que con su gran fuerza nos habite y encontremos, a través de él y en él, un sentido de comunión con el Ser Supremo Universal.