biblioteca josé vasconcelos

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2006 / en sociedad con; taller aragones

México Tenochtitlán

“Emplazada en un pequeño islote del vasto lago, al principio la ciudad fue modesta. En dos siglos de intensos trabajos, ese pueblo llegó a construir el más poderoso imperio de Mesoamérica. A la llegada de los conquistadores en 1519, México Tenochtitlan se destacaba claramente en la inmensidad del área lacustre con sus grandes calzadas rectilíneas y su recinto sagrado, que era un cuadrado de 500 metros por lado”.

 

Flotando en un gran espejo de agua de piedra basáltica de la región se ubica un cubo blanco de 500 decímetros por lado, que alberga nuestra cultura universal.

 

Concepto

 

“El libro es la expresión más sublime de la comunicación en el silencio”.

Una ciudad sin silencios está condenada a expresarse ruidosamente. El momento para la reflexión solo es posible en la serenidad. Nuestra urbe hoy más que nunca necesita esa calma para solo así y como consecuencia reconstruirse en armonía.

 

“No se trata de poner sonido sino de darle pautas al silencio”.

 

Quisimos generar un contrapunto con el entorno, primero crear silencio para después quitarlo con las pausas que creímos necesarios.

 

El cubo se abre a la calle para que exista un diálogo continuo con la gente del lugar. Un cubo que hace público el conocimiento, de alguna forma la antítesis de los textos prohibidos de la inquisición que dejarán una cicatriz en aquellas hojas marcadas y fotografiadas por milagros de la torre, de pronto Picasso, Mérida o Gerzso hablan de su estética con el vendedor de globos o cualquier personaje citadino, Sabines nos dice que “el mar se mide por olas, el cielo por alas, el hombre por lágrimas”, y Paz nos recuerda que “La música inventa el silencio, la arquitectura el espacio” y también un grafiti encuentra una forma de expresión y es posible vivir fuera de la clandestinidad. La fotografía de Salas Portugal o Sebastián Salgado son una frase, las imágenes proyectadas en el cubo son un abrazo a la calle.